El discurso de Castañeda
Y políticas urbanas para Lima
Un video circula por las redes sociales y devela (entre otras cosas) el empobrecido conocimiento geográfico y sociológico de Castañeda. Quisiera llamar la atención sobre lo que representa Lima para él, particularmente cómo entiende la forma de gobernarla, qué políticas urbanas está construyendo y qué hay en su discurso de hacer ciudad.
Atractividad y escalas: “Lima es el reflejo del Perú”
Castañeda empieza su discurso haciendo mención de la diversidad cultural y ecológica del Perú. Resume fenómenos de migración (confundiendo la escala país con la escala ciudad) para explicar la diversidad cultural y expone la oferta turística del país recurriendo al tradicional costa-sierra-selva. Lástima que no diera a conocer a los empresarios y alcaldes presentes la riqueza ecosistémica que existe en Lima (donde hay lomas, valles, desierto, borde costero…), territorio que le correspondería conocer.
¿Cómo se opera este diálogo de escalas país-ciudad en las estrategias políticas de Castañeda? Tal vez mostrar una imagen atractiva del país sea una manera de motivar la mirada- inversión en la capital. Pero eso implicaría el reconocimiento de que en Lima no hay oferta turística/paisajística suficientemente atractiva. ¿Y todas las iniciativas de ecoturismo existentes, por ejemplo en torno a los ecosistemas de lomas? Nada. El atractivo de Lima se construye con cemento.
Crecimiento poblacional y económico. Entonces… ¿más pistas para autos?
Para Castañeda, el aumento poblacional se suma a las repercusiones del crecimiento económico en la ciudad, este último leído sólo de manera positiva (invisibilizando las desigualdades). Pone como ejemplo el crecimiento del parque automotor: más personas con dinero explicaría el incremento en el consumo de bienes, entre ellos los automóviles. Entonces, la construcción de pistas se convierte en un imperativo. Por eso tanto empeño en la construcción de infraestructura vial para unidades de transporte privado…
Alcalde y empresario: Castañeda entre lo público y privado
Cuando cuenta cómo inició con los “hospitales de la solidaridad”, critica la normativa pública como “sancionadora” y “generadora de problemas”, diciendo además que la oferta de servicios públicos es deficiente. Pero sin embargo se jacta de haber creado una competencia para el sector privado, lo que haría que la oferta de servicios sea más competitiva. ¿Hay contradicciones en el discurso de Castañeda? ¿Quiere competir con el sector público y con el privado? Él lo explica en términos de búsqueda de un equilibrio entre los dos:
“Muy importante cómo logra usted hacer esta alquimia para que se ensamble lo público con lo privado. Pero esto no es con la protección que normalmente suele el sector público de hacerse a sí mismo [sic] para no competir, porque hay el miedo y el temor de hacer un sector público que compita porque simplemente sale al descubierto la ineficiencia tradicional del sector público… no necesariamente siempre, pero en general, en la mayoría [sic]. Entonces generamos una competencia”.
El rol del sector público sería entonces el de generar la competencia. No ofrecer servicios de calidad pero motivarlos mediante la competencia entre los actores privados. Poniendo el ejemplo de los dentistas que trabajan en el “hospital de la solidaridad”, explica que ellos compiten entre sí porque no tienen un salario fijo por parte de la municipalidad, sino una concesión: “Entonces nos convertimos en competencia del sector privado (…).” Pero al mismo tiempo, la competencia se hace también con los servicios públicos que brinda el Estado central, a los cuales deslegitima: “Como era tan barata la consulta [en los hospitales de la solidaridad], le salía más barato a la persona que ir al seguro social (…) [porque] cuando llegaba la cita, la persona estaba ya enterrada”.
El ejemplo de los hospitales de la solidaridad es emblemático para entender las características de los servicios públicos bajo su gestión: ellos son un “producto” que se logra por medio de una “oferta competitiva”. Así, en su gobierno la inversión privada es la manera de compensar el bajo presupuesto con el que contaría la Municipalidad Metropolitana y sería incentivada a su vez gracias a proyectos en ejecución. Al respecto, menciona la construcción de “pistas”, de “anillos”, de “semáforos”, a fin de “animar al capital en ir al Perú, en ir a la ciudad de Lima (…) donde se encuentra el entorno saludable para la inversión”.
“Lo que no se discute es el modelo económico, y ese modelo sigue persistiendo”
Como señala en su exposición, el objetivo de la inversión privada es el lucro, y el del Estado “lo social”. ¿Pero qué es lo social para él? Para Castañeda, su responsabilidad como alcalde en relación a la calidad de vida de la población capitalina, consiste en ofrecer “productos” como el “hospital de la solidaridad”. Esta visión consumista de la calidad de vida quita la responsabilidad del Estado en el perfeccionamiento de los servicios que brinda y que inciden directamente en el bienestar de la población. Dado que éste no es posible, hay que motivar la oferta desde el sector privado (en vez de incentivar a que el Estado mejore la calidad de sus servicios).
¿Dónde están, pues, las soluciones a los problemas de la ciudad? “En el concertar: en encontrar la iniciativa privada con la necesidad pública”. Ese es el espíritu político de esta gestión. Así pues, “si usted desarrolla esa alquimia pues va a tener resultados”. ¿Cómo lograr las inversiones? Desde el gobierno metropolitano, garantizando y aprovechando la “estabilidad” en múltiples planos, incluido el social.
Cabe señalar que en su lenguaje no existen ideas de justicia social; sus tareas como alcalde se han limitado y se limitan al entretenimiento del descontento y a la contención de la pobreza.
"Descúbrete a ti mismo” y el gobierno de la ciudad
Castañeda no tiene sueños. Contra la adversidad, es el revanchismo el que lo motiva y empuja a la innovación, “a la excelencia”. El suyo no es un gobierno de diálogo ni de concertación, de la construcción de un horizonte común con múltiples actores de la ciudad. No. Está muy lejos de calzar en una definición de la gobernanza urbana. Él se define más bien como alguien que “provoca”, que “incentiva respuestas imaginativas”, como si gobernar una ciudad se tratara de una tarea de diagramación.
Al respecto, cuenta una anécdota en la que un gerente de descentralización le advierte que tiene un problema grave, muy grave, y ante la pregunta “¿qué hago?”, Castañeda le responde: “cobro tu sueldo si te digo” (minuto 12:45).
Abandona así, orgulloso, el gobierno de una ciudad. Y lo peor es que todo se improvisa: no hay un proyecto urbano pero miles de respuestas paliativas.